HOMENAJES

Un espacio para nuestros amigos inolvidables

Este es un espacio para honrar a nuestros queridos callejeros que ya no están con nosotros, pero que permanecerán por siempre en nuestros corazones. A Berru, Polaca, Bruno, Bambi, Cremita, Kaira, Rocky, Flaca, Manca, Mara, Chino, Hermana, Colorada, Sushi, Polaco, Negrita, Pancho, Rubia, Hermanito, Bambina, Marco Antonio, Melena, Salchi, Homero, Ratín, Machito, Pequinesito, Rubia II, Cachorri, Angelita, Indiferencia, Enano, Tricolor, Manchitas, Blanca, Pastora, Zorrita, Teme, Marrin, Tigre, Geppe, Luz y sus hermanitos, Negra, Abe, Vaki, Rube, Sol, Abuelito, Chicho, Linye, Saltarina, Rumba, Chocolina, Reina, Hércules, Groncho, Negrito del Gatica. Amy, Rabo Corto, Nona, Pechocha, Olaf, Chaplin, Padre, Flaca Loquis, Negrito, Bobi, Kairita, Manquita, Ojitos, Alfonso, Margot, Ove, Morgana, Cucurucho, Robertino, Bonnie Bonita, Murciélaga, Pepo, Teme, Galga, Chulita, Luka, Bebé y a todos aquellos a los que no tuvimos oportunidad de ponerles un nombre … Gracias por el amor que compartieron con nosotros, sabemos que algún día volveremos a vernos ¡siempre estarán presentes en nuestros corazones!

Mención especial: Delia Fernanda Villar.

Así se llamaba esta gran mujer que deseamos homenajear. Quizás para muchos este nombre no signifique nada más que la referencia a una persona desconocida, pero para nosotros es importante rescatar lo que realmente representa ya que le perteneció a alguien que merece ser recordado por la inmensa sensibilidad que llevaba en su interior. Delia falleció a los 74 años en noviembre de 2004. Fue una persona humilde, bondadosa y atenta a las necesidades de los “hijos” que le dio la vida, tal como ella los llamaba. Por más de 19 años alimentó, cuidó y protegió a los animales que eran abandonados en el parque Los Derechos del Trabajador de Villa Domínico.

Delia no era rica económicamente, pero sí en voluntad y generosidad. Todas las mañanas recorría diferentes comercios, carnicerías y almacenes. Recolectaba diarios, botellas y cartones ya que a todo le encontraba una utilidad a la hora de contestar al llamado de un animal necesitado. Y cuando sus recursos se lo impedían, dado que sólo contaba con su jubilación, recibía las contribuciones voluntarias de quienes podían ayudarla. Luego, bajo la lluvia o los intensos rayos del sol, se dirigía al Parque a cumplir con su vocación solidaria. Nunca, mientras su salud se lo permitió, desatendió a sus animales porque sabía que la estaban esperando ansiosamente.

De lunes a lunes, a las 10 a.m aproximadamente, un grupo de perros se juntaba en la parada de colectivos de Centenario Uruguayo y la avenida Mitre. Había que verlo para creerlo. Muchos podían preguntarse para qué unos animales, supuestamente irracionales, hacían eso. Quedarse toda una mañana mirando al otro extremo de la calle. Atentos y cada vez más nerviosos a medida que pasaban los minutos. Lo cierto es que se reunían y la esperaban todos los días. Para nosotros la respuesta a este hecho radica en que ellos le demostraban el mismo cariño y fidelidad que ella les tenía. Y lo expresaron a tal punto que, cuando Delia enfermó para luego dejarnos, la seguían esperando. Era muy triste para nosotros verlos. Sabíamos que ella ya no iba a visitarlos más, pero cómo explicárselo a un animal que se negaba a comer ante la ausencia de quien le brindó todo lo que pudo hasta sus últimos días.

Generosidad, bondad, solidaridad, sensibilidad. Estas son sólo algunas de las grandes palabras que se desprenden de ese pequeño nombre: Delia. Esto es lo que ella significa para nosotros y siempre le estaremos muy agradecidos ya que nos enseñó la grata satisfacción que uno puede sentir cuando se está dispuesto a ayudar a quien lo requiere. Siempre está presente entre nosotros; especialmente cuando vemos los rostros de los animales que cuidó y a los que seguiremos procurándoles todo el cariño que merecen tal como ella lo hizo en vida.

Gracias por acompañarnos